Brasil es reconocido como el país con la mayor fuerza militar de Sudamérica en el año 2024, de acuerdo con el último Índice Global Firepower (GFP). Con una posición destacada en el duodécimo lugar entre 145 países evaluados, este país se erige como un referente de poder en la región. La clasificación de Brasil, con un índice PwrIndx de 0,1944, refleja la cantidad y la calidad de sus activos militares. Entre sus principales recursos se destacan los tanques de batalla ‘Leopard 2’ de Alemania y el T-90 de Rusia, así como sistemas ligeros como el ‘Stingray’ de Tailandia.

Este logro subraya la estrategia de Brasil de mantener una defensa robusta y versátil, preparada para enfrentar amenazas contemporáneas y extender su influencia más allá de sus límites geográficos. Su liderazgo militar no solo supera al de otras naciones sudamericanas sino que también lo posiciona como una potencia significativa en el contexto global.

Por otro lado, Colombia emerge como una notable sorpresa en el dominio naval. Ocupando igualmente el duodécimo lugar a nivel mundial, el país se distingue por tener la flota más considerable de Sudamérica, sumando un total de 237 embarcaciones bélicas. Esta flota, compuesta por submarinos, corbetas y fragatas, refleja el compromiso del país con la seguridad de sus aguas territoriales, confrontando desafíos como el narcotráfico y el terrorismo.

La situación militar en Sudamérica para el año 2024 muestra un panorama de constante evolución, con Brasil y Colombia como protagonistas en sus respectivas áreas. Mientras Brasil afianza su supremacía terrestre, Colombia ofrece una capacidad naval sin precedentes. Este escenario evidencia la diversidad y complejidad del poder militar en la región, subrayando la importancia de una estrategia de defensa adaptada a los desafíos del siglo XXI.

Este contexto de fortaleza militar en Sudamérica recalca la dinámica cambiante de la geopolítica regional y la importancia de la inversión en defensa. Con Brasil y Colombia a la vanguardia, el continente se presenta no solo como un jugador activo en la escena internacional sino también como un espacio de cooperación y competencia militar. Este análisis refleja un momento crucial para Sudamérica, marcando un antes y un después en su rol dentro de la geopolítica global.