Los representantes de la denunciante le requirieron al juez Juan Ramos Padilla que condene al ex senador a 22 años de prisión efecitvo y dicte su detención cautelar por 9 casos de abuso sexual.

Con una nueva jornada a sala llena, el juicio contra el ex gobernador ultra kirchnerista de Tucumán, José Alperovich entró en su etapa final y la Justicia se prepara para dar su veredicto. El hombre, protegido por la clase política y blindado entre los grupos feministas que no hablan de su caso, es acusado de haber cometido nueve casos de abuso sexual contra su sobrina y ex asistente personal.

La mujer, querellante en la causa, pidió este lunes una condena de 22 años de prisión y su detención preventiva por considerarlo responsable de haber cometido “múltiples hechos de abuso sexual de variada naturaleza” en perjuicio de su “entonces secretaria privada y sobrina segunda”.

Por su parte, el fiscal Sandro Abraldes solicitó una pena de 16 años y seis meses de cárcel para el exmandatario, en conjunto con una serie de medidas como la inhibición general de sus bienes, la indemnización de la víctima y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

El exsenador, visiblemente quebrado tras escuchar las declaraciones de los abogados, y acompañado de sus hijos, presenció en el juzgado los relatos de la acusación, que analizó con detalle cada una de las agresiones que le endilgan.

“Se puede afirmar, más allá de toda duda razonable, que José Alperovich es el autor de todos los hechos, que ocurrieron en diferentes domicilios ubicados tanto en esta ciudad como en San Miguel de Tucumán y en el vehículo de Alperovich, en el contexto de las salidas diarias», expresó Carolina Cymerman al iniciar su alegato ante el juez Juan Ramos Padilla, titular del Tribunal Oral Federal 29 a cargo del debate.

«Para cometerlos, el imputado se valió de su enorme poder que detentaba a nivel laboral, familiar y político en toda la provincia. Él había sido elegido tres veces gobernador y era, para la época de los hechos, senador nacional y asesor ad honorem para la provincia”, completó.

En un crudo relato, la querellante dio detalles de los hechos denunciados: “En el primero de los hechos, el imputado le metió su mano por la espalda por el corpiño, la besaba, la babeaba, chocando sus dientes contra los de ella. Fue todo una sorpresa. La víctima retraía su cuerpo diciendo que no quería, hasta que pudo salirse. Le dijo que ella lo energizaba y volvió a besarla. Le hizo sentir su erección. La víctima no pudo reaccionar, estaba paralizada, pero le dijo que no quería. Para ella eso fue espeluznante. La situación no fue ni siquiera de conquista sino de avance”, precisó.

Por su parte, el fiscal Sandro Abraldes alegó durante casi cuatro horas y responsabilizó a Alperovich de haber cometido “diez episodios” de abuso sexual simple, en tentativa, y con acceso carnal. A su vez, planteó la necesidad de implementar “un sistema de monitoreo o custodia policial” para asegurar que Alperovich comparezca el miércoles a los alegatos de su defensa, asegurando que hay riesgo de fuga.

El poder de Alperovich es grande. Pero la falta de compromiso para con la denunciante lo es más. Le corresponde a usted señor juez ponerle el cascabel al gato”, sostuvo la fiscalía. “Alperovich debe pagar con su libertad ambulatoria por lo que hizo”.

En claro contraste con la contundencia de la querellante y la Fiscalía en la Justicia, en el plano social hay un silencio atroz de los colectivos feministas y de la militancia kirchnerista en general sobre este caso. Mientras se habló mucho del caso de Juan Darthés, parece haber un pacto de silencio en la izquierda sobre los horrores cometidos por el dirigente kirchnerista.