Un caso particular de un comedor fantasma puso contra las cuerdas al líder de la Unidad Piqueter

El 27 de marzo pasado, cuando el gobierno de Javier Milei ya había puesto la lupa sobre el funcionamiento irregular de algunas cooperativas en la gestión de Alberto Fernández, Elizabeth Carmen de Palma, la presidente de la Asociación Civil Polo Obrero, le manifestaba su preocupación a Jeremías Cantero, una de las cabezas en la coordinación de comedores de esa agrupación.

Para esa altura, el fiscal Gerardo Pollicita ya los había puesto bajo la lupa y estaba siguiendo sus movimientos. Pero tras los allanamientos y la prueba encontrada, el juez Sebastián Casanello no sólo admitió llamarlos a indagatoria a ellos sino también a Eduardo Belliboni, líder del Polo Obrero, quien no estaba en lista original de imputados por la fiscalía.

Lo que finalmente dejó a Belliboni en la cuerda floja en la causa es la sospecha de facturación trucha y el dibujo de gastos en el comedor «El Resplandor».

Gracias a esta investigación, Belliboni pasó a ser parte de uno de los investigados en la causa porque firmó convenios ante el ex Ministerio de Desarrollo Social, hoy convertido en Capital Humano, en donde asumía una serie de obligaciones como unidad de gestión del dinero que repartía el Estado Nacional, mientras también recibía dinero para poder ejecutar esa ayuda social, como poner un taller o un comedor.

Pero los investigadores notaron que en esos movimientos aparecían “gastos dibujados” y usinas de lo que se sospechan son facturas truchas. Las dos firmas sospechadas son Rumbos y Coxtex. Mientras que Rumbos era aportante del Partido Obrero, Coxtex figura en un lugar inexistente, por lo que es un «comedor fantasma«.

El dinero que reciben las agrupaciones se podía destinar a maquinaria o vestimenta y debía ser rendido a las autoridades nacionales. Pero de acuerdo a los investigadores judiciales, en base a lo informado en los registros administrativos, solo el 30% del dinero entregado al Polo Obrero se habría justificado de la manera correcta.

Las fuentes judiciales que dialogaron con Infobae también notaron que las descripciones que hacía el Polo Obrero, en relación a otras asociaciones que eran muy detalladas en su reporte de facturación, era más vaga. “Se hablaba de vestimenta pero eran pecheras del Polo Obrero”, deslizó uno de los investigadores.

El magistrado hizo hincapié en “la comprobación del empleo de facturación apócrifa y la simulación de gastos no concretados –al menos a través de las firmas ‘Ediciones e Impresiones Rumbos SRL’ y ‘Coxtex SA’-, para disfrazar el verdadero uso de una parte importante de los fondos. Se trató de montos significativos que fueron canalizados a través del uso de diferentes personas jurídicas, con la finalidad de obtener un beneficio particularizado. Así, lo público se confundió con lo privado al financiar actividad partidaria”.

Según el análisis de Casanello, esa maniobra “se vio complementada con la exigencia a quienes acudían a determinados comedores comunitarios y eran beneficiarios de aquel programa de concurrir a movilizaciones político-partidarias (con banderas identificatorias), aportar sumas de dinero a la organización y hasta votar por un candidato en particular -referenciado en el propio espacio político- en elecciones generales, bajo la amenaza de perder la ayuda estatal”. Las exigencias eran transmitidas a los beneficiarios del plan por otros beneficiarios de mayor antigüedad en la organización, pero igualmente de marcada vulnerabilidad, afirmó.