Muchos padres han advertido los beneficios del «efecto fiebre» en el mejoramiento de los síntomas relacionados al espectro autista. Para investigar este fenómeno, la Fundación Marcus, junto a un cuerpo científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Facultad de Medicina de Harvard, se dispusieron a explicar este fenómeno en un esfuerzo por desarrollar terapias que imiten el «efecto fiebre» para mejorar los síntomas de manera similar.

Según afirma la neurocientífica Gloria Choi, profesora asociada en el Departamento de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del MIT, «aunque en realidad no es desencadenado por la fiebre per se, el ‘efecto fiebre’ es real y nos brinda la oportunidad de desarrollar terapias para mitigar los síntomas de los trastornos del espectro autista».

En conjunto con Jun Huh, profesor asociado de inmunología en la Facultad de Medicina de Harvard, ambas instituciones buscan explorar el efecto. Para la realización del proyecto reciben subvenciones de 2,1 millones de dólares en tres años. Por otro lado, a este conjunto se le suma la Fundación Marcus la cual ha estado involucrada en proyectos sobre el autismo durante más de 30 años.

Así, el fundador y presidente de la Fundación afirma que «hace mucho que estoy interesado en enfoques novedosos para tratar de disminuir los síntomas del autismo, y los doctores Choi y Huh han perfeccionado una teoría audaz». Además, agregó tener «la esperanza de que este Premio de Investigación Médica de la Fundación Marcus ayude a que su teoría se haga realidad y, en última instancia, ayude a mejorar las vidas de los niños con autismo y sus familias».

Frente al análisis de este fenómeno el profesor Huh señala que «el ‘efecto fiebre’ es quizás el único fenómeno natural en el que los síntomas del autismo determinados por el desarrollo mejoran significativamente, aunque sea temporalmente. Nuestro objetivo es aprender cómo y por qué sucede esto a nivel de células y moléculas, identificar impulsores inmunológicos y producir efectos persistentes que beneficien a un amplio grupo de personas con autismo».

Esta investigación no es nueva ya que Huh y Choi han estado averiguando sobre la conexión entre la infección y el autismo por una década. El estudio muestra que los efectos beneficiosos asociados con la fiebre pueden surgir de los cambios moleculares en el sistema inmunológico durante la infección.

A través de un tipo de molécula de señalización inmune llamada IL-17a la cual surge en una infección materna durante el embarazo. La infección puede provocar anomalías del desarrollo neurológico en la descendencia que dan lugar a síntomas similares al autismo. Frente a esto, los científicos descubrieron que los fetos que desarrollaron síntomas de autismo como resultado de una infección materna mientras estaban en el útero exhibían mejoras en su sociabilidad cuando tenían infecciones como causa de la sobreexposición del IL-17a.

Como resultado, los científicos descubrieron que se podría producir el «efecto fiebre» a través de la administración de IL-17a adicional la cual podría producir efectos terapéuticos similares para múltiples trastornos del espectro autista. No obstante, el experimento ha sido probado solo en ratones. Choi admite que «al aprender la ciencia detrás del efecto de la fiebre y conocer el mecanismo detrás de la mejora de los síntomas, podemos tener suficiente conocimiento para poder imitarlo, incluso en personas que no experimentan el efecto de la fiebre de forma natural». Mientras tanto, Choi y Huh continuarán su trabajo en ratones buscando descubrir la secuencia de efectos que conducen a una mejor sociabilidad y una reducción de conductas repetitivas en personas con espectro autista.