El mandatario logró asegurar la continuidad de su proyecto socialista en México, pero con un giro a la progresía feminista.

Las elecciones de este domingo terminaron con el resultado más esperado. La candidata de Morena, del partido de Andrés Manuel López Obrador, y feminista radical de extrema izquierda Claudia Sheinbaumserá la próxima presidente de México por los siguientes 6 años.

Si bien pertenece al mismo partido que AMLO, Sheinbaum tiene un perfil muy distinto, y representa a una izquierda globalista y progresista, mientras que el actual mandatario es más conservador y le presta menos atención a las corrientes de la progresía actual.

Esto se resalta en su trayectoria. A diferencia de López Obrador, que viene de una larga carrera en la política, Sheinbaum fue militante estudiantil en los 80s, y no ingresó al Estado hasta que asumió su primer cargo público como secretaria de Medio Ambiente de Ciudad de México (2000-2006).

Apadrinada de toda la vida por López Obrador, Sheinbaum ahora tomará vuelo propio, y promete llevar al gobierno mexicano a una mayor relación con los Estados Unidos, en especial con la Casa Blanca de Biden, algo que el propio AMLO se resistió, prefiriendo alinearse con Rusia o China.

Además, tiene en agenda promover el feminismo y demás reclamos del colectivo LGBT, en especial en temas relacionados a la ideología de género; además de promover fuertemente políticas en contra del cambio climático y de control de la natalidad, todas cuestiones que a AMLO nunca le importaron mucho.

Esto ya lo demostró como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, cargo al que llegó en 2018, de la mano de López Obrador. Mientras el presidente socialista se reía de las marchas feministas y despotricaba en contra del aborto, Sheinbaum se paraba al frente de las movilizaciones de mujeres.

De esta manera, Sheinbaum pudo retener todo el voto izquierdista de López Obrador, pero a su vez ganó el apoyo de sectores más progresistas que en 2018 rechazaron votar por Morena. De esta manera, cosechó casi el 60% de los votos y aplastó a sus rivales.

Le sacaba una diferencia abrumadora a su principal rival, Xóchitl Gálvez, candidata del centroderechista PAN, pero que hizo una campaña de izquierda incluso con promesas feministas y para la comunidad indígena de México. Gálvez no llegaba a superar el 29%, según las proyecciones oficiales. Gálvez la llamó para reconocer su derrota en las elecciones, ampliamente consideradas un referéndum sobre la gestión de López Obrador.

El resultado reafirmó el giro a la izquierda trazado por López Obrador y el respaldo popular a la “cuarta transformación”, o “4T”, que puso en marcha en 2018 con su llegada al Palacio Nacional. Y confirmó el fuerte declive de la derecha y de los partidos tradicionales, el PRI, el PAN y el PRD, que unidos consiguieron menos de un tercio de los votos.