Carlos Andrés Migales Viera (31) había llegado en septiembre a Buenos Aires desde Montevideo. La Policía uruguaya, que colabora en la investigación de su homicidio, afirma que estaba amenazado, motivo por el cual decidió huir a la Argentina junto a su esposa y sus dos pequeñas hijas, buscando un mejor escondite en una ciudad más grande.

Con antecedentes tanto por drogas como por robos, las hipótesis sobre su violenta muerte apuntan claramente a un ajuste de cuentas. Sin embargo, el caso no es tan lineal: las sospechas abarcan desde una venganza por un cargamento de drogas perdido, hasta un enfrentamiento entre clanes de las afueras de Montevideo, pasando por una posible conexión con la banda de uruguayos que en agosto de 2004 intentó robar al Banco Macro de San Isidro mediante un túnel descubierto por casualidad.
Migales se hospedaba en un departamento de Palermo, sobre la calle Costa Rica al 5600, una propiedad de alquiler temporario que, como otras similares, cuenta con una puerta con sistema de clave electrónica, lo que permite al dueño manejar la seguridad pese a la alta rotación de inquilinos.
En este caso, ese detalle resulta crucial, ya que la entrada no fue forzada por los asesinos. Esto podría indicar que la víctima conocía a sus atacantes y les abrió la puerta. Sin embargo, la existencia de la clave introduce la posibilidad de que haya habido un entregador. En este punto, cobra relevancia el testimonio de su esposa, María Mercedes (27), uruguaya, quien salió ilesa del ataque junto a sus hijas y declaró ayer como testigo.
Según una versión, la mujer mencionó varios disparos, pero inicialmente se estima que Migales recibió un solo impacto en el estómago. De ser así, resulta un mecanismo poco habitual en los sicarios: o tuvieron mala puntería, eran improvisados o hubo una discusión previa. En el domicilio de la víctima se encontró una pistola suya, junto a 30 balas y tres cargadores. Además, se hallaron algunos dólares guardados y precintos plásticos, utilizados para inmovilizar personas durante el delito.
A partir de las imágenes captadas por las cámaras de la Ciudad, la Policía detuvo a dos de los cuatro agresores luego de que descartaran un arma cerca del Puente Pacífico. Ambos detenidos son oriundos del sur del Conurbano.
La Policía uruguaya lo había detenido en múltiples ocasiones por robo y venta de drogas. «Lo consideraban un narco menor, pero que en los últimos tiempos estaba levantando cabeza», señaló a Clarín una fuente de la investigación, que depende del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Nº 26.
El prontuario del uruguayo es extenso y se remonta a junio de 2009, cuando tenía apenas 15 años. Desde entonces acumuló antecedentes por rapiñas, fugas de comisarías, desórdenes e incautación de drogas. En 2016 sus detenciones se centraron en la venta de estupefacientes y en 2024 fue arrestado por homicidio agravado. Entre sus causas también figuran delitos por disparo de arma de fuego, otro homicidio, lesiones y delitos contra la propiedad.
Todos sus antecedentes corresponden a Montevideo, donde prácticamente ninguna comisaría lo desconocía. Además, la Policía uruguaya lo identificaba como parte de uno de los numerosos clanes periféricos que iniciaron una guerra por el control del narcomenudeo, fenómeno similar al que convirtió a Rosario en un foco de violencia.
Durante 2024, una serie de venganzas entre narcos uruguayos acaparó los titulares, aunque los investigadores del caso Migales no vinculan directamente esos hechos, ya que las situaciones del último año fueron más complejas y con actores de mayor rango en el mundo del narcotráfico.
El primero de esos episodios ocurrió el 25 de septiembre en Pilar; el segundo el 12 de octubre en la misma zona; y el tercero en diciembre en Recoleta. Allí, la víctima se había mudado para esconderse tanto de un pedido de captura emitido por la Justicia de San Isidro como de sus enemigos, que lo tenían en la mira.
La noche del lunes 25 de septiembre, poco después de las 22, un móvil del Comando de Patrullas de Pilar fue enviado a la calle Las Camelias al 2300 por denuncias de disparos. Allí encontraron a un hombre que se identificó con un pasaporte uruguayo a nombre de Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, de 27 años.
Amoros Sanguinetti, quien luego se supo usaba una identidad falsa y en realidad se llamaba Nicolás Caraballo Escobar, detuvo su BMW cuando un Jeep Renegade negro (sin patente) se acercó. Él declaró que intentaron robarle el auto, aunque la Justicia sostiene que fue un intento de asesinato. Mientras huía, recibió 17 disparos.
El sábado 12 de octubre, el uruguayo Marcelo González Algerini (36) se encontraba en un kiosco en Monterrey, Derqui, viajando en su Chevrolet Tracker con Teófilo Américo Sturm González (80) como acompañante. Al bajar Teófilo para comprar algo, apareció un Jeep Renegade, similar al vehículo del episodio anterior, conducido por Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, quien disparó 10 veces contra González Algerini, de los cuales cuatro fueron letales.
Posteriormente, en la casa de la víctima en el barrio semicerrado Finca San Agustín (también en Pilar), se produjo un robo: un hombre identificado
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