Una vacuna contra el cáncer diseñada específicamente para cada paciente demostró por primera vez, en un ensayo clínico de fase 3, que puede reducir de manera importante el riesgo de que el melanoma vuelva después de la cirugía.

El tratamiento, llamado intismeran, se basa en la tecnología de ARN mensajero, la misma de las vacunas contra el COVID-19, y se combina con la inmunoterapia pembrolizumab. Los resultados del ensayo internacional INTerpath-001 se presentaron en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) 2026.
El estudio incluyó a 1.137 pacientes con melanoma de alto riesgo que habían sido operados y no habían recibido tratamiento farmacológico previo. Frente al uso de pembrolizumab solo, sumar la vacuna redujo un 42% el riesgo de recaída o muerte. En los pacientes que llegaron sin recurrencia a los seis meses de tratamiento, la reducción fue del 58%.
La vacuna no aumentó los efectos adversos de la inmunoterapia. Los efectos propios fueron leves y transitorios, como dolor en el lugar de la inyección, dolor de cabeza y escalofríos.
Cada tumor de melanoma tiene proteínas anómalas únicas, llamadas neoantígenos, que funcionan como una huella digital. A partir de una muestra del tumor, los investigadores leen esa huella y fabrican una vacuna a medida que le indica al sistema inmunitario qué atacar. La inmunoterapia, en tanto, bloquea el mecanismo que usan las células cancerosas para pasar desapercibidas.
«Estos hallazgos son un cambio fundacional en nuestro enfoque del cáncer», afirmó la investigadora principal del ensayo, Georgina Long, directora médica del Melanoma Institute Australia, quien señaló que algo así «no se había logrado antes en la historia del desarrollo de fármacos oncológicos».
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